Mejora de hábitos

Existen factores como la familia y la pobreza que contribuyen al mal hábito alimenticio de las personas. Como consecuencia de ello, se desarrollan desórdenes alimenticios difíciles de combatir, y más, si estamos acostumbrados a consumir alimentos poco saludables dentro y fuera del hogar.

 

Las prácticas de la alimentación en la familia, las tenemos desde nuestra niñez y se ven reflejadas como en ciertas preferencias de alimentos. Las prácticas alimenticias siempre están presentes, sin embargo, para adquirir una nueva conducta y cambiar los malos hábitos alimenticios, debe haber incentiva, tener mucha voluntad de hacerlo y plantearnos objetivos con mucha intención y actitud.

Si se tiene una mala alimentación, no es tarea fácil revertirla, por lo que es necesario poner alternativas (como una gratificación o un castigo). No obstante, algo que podemos realizar, es mentalizar ciertas motivaciones personales para que el cambio realmente sea evidente.

Así, como generamos un mal hábito alimenticio con repeticiones de conducta a largo plazo, también se tiene la capacidad de autorregularse, y no solo para verse bien, de igual forma, la salud física y emocional se convierten en un estilo de vida.

Al establecer objetivos dirigidos a la salud y  a la mejora de hábitos alimenticios con plena conciencia, el panorama será prometedor, hasta que éste forme parte de la vida.

Por otro lado, el no tener acceso a los alimentos necesarios, debido a la pobreza u otros factores sociales, disminuye la adquisición de productos básicos para una buena alimentación. De igual manera, estas afectaciones se pueden presentar en la familia, al no poder adquirir alimentos esenciales y mucho menos, productos con nutrientes elementales.

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